

Una parte de la galería se cerró con un muro con una única ranura por donde se dejaba caer impreso un folio cada 5 minutos. En esta hoja de papel se podían leer las confesiones de adolescentes y enlaces a canales de youtube que nos llevaban a ellas. Este proveedor aleatorio de intimidades ejerce en sentido opuesto al muro original: Ya no se trata del secreto entre el confesor y el muro, sino de la publicitación, desde el muro, de dichos secretos.